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domingo , octubre 21 2018
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FRANCIA / Resistencia obrera a la hegemonía financiera

 

 

Los intereses profundos del capital financiero han doblegado a Europa. A tal punto que naciones históricamente trascendentes como Francia aplican planes de ajuste vulgares, que expulsan mano de obra y determinan la construcción de un espacio improductivo, alejado de la elaboración de bienes de producción y consumo a la usanza del sistema que dicen sostener. La tradición de lucha del movimiento obrero galo se hace sentir, revive en medio de un avance que se vio venir pero no se logró obturar.

 

La reforma laboral impulsada por el gobierno generó batallas potentes. Hacía dos décadas que no se veían gasolineras sin combustible, refinerías bloqueadas y cientos de miles de manifestantes en las calles. También entonces, en 1995, el estallido se originó por una reforma, la de la Seguridad Social. El pueblo francés no admite transformaciones reactivas de fondo.

Un directo colaborador del presidente François Hollande, el experimentado ministro de Finanzas, Michel Sapin, el máximo dirigente sindical y analistas consultados no se atreven a augurar cómo acabará esta grave crisis. En juego está el modelo social de Francia, el futuro de la izquierda, el papel de los sindicatos o el futuro de Hollande y su primer ministro, Manuel Valls.

Un año difícil

FEBRERO

Sectores populares se rebelan al conocer la reforma laboral.

MARZO

  1. Primera movilización. 390.000 manifestantes.

10 y 14. Primeras rebajas en el texto.

  1. Valls recibe a sindicatos y patronal.
  2. Manifestaciones por toda Francia. Nace Nuitdebout.

MAYO

  1. Valls aprueba la ley por decreto.
  2. Valls supera una moción de censura.
  3. Empiezan los bloqueos a refinerías. Escasez en gasolineras.
  4. Huelgas en las 19 centrales nucleares.

JUNIO

  1. Empieza la Eurocopa.
  2. Convocada manifestación nacional en París.

¿Por qué ahora?  Hollande lanzó  su más dura reforma, no incluida en su programa electoral, a solo un año de las presidenciales. Ha avivado la división en la izquierda y la respuesta en la calle le ha devuelto al récord de solo un 15% de popularidad. La oposición afirma que “está acabado”. “No tiene autoridad ni credibilidad”.

Los argumentos oficiales son remanidos para quienes cuestionan al neoliberalismo. Un colaborador del Elíseo explicó que la primera parte de su mandato tuvo que dedicarla a equilibrar las “desbocadas” cuentas públicas, sobre todo el déficit. La segunda, a mejorar la competitividad de las empresas con 40.000 millones en ayudas y ventajas. “Ahora tocan las reformas estructurales”.

Implosión socialista. La ley originó de inmediato otro foso en la izquierda y en el propio Partido Socialista, hoy en riesgo de implosión. 24 diputados rebeldes –con otros 32 de la izquierda radical- apoyaron son su firma una frustrada moción de censura contra Valls. Ahora han pedido a Hollande que abandone “estas reformas que inquietan legítimamente y dividen inútilmente a la izquierda”. Falto de apoyos en la Asamblea Nacional, donde perdió la mayoría hace año y medio, Valls aprobó la reforma por decreto.

Hace dos años predijo que “la izquierda corre el riesgo de morir” si no hace reformas. Hoy augura algo peor: “Este país se muere por sus conservadurismos, por la imposibilidad de reformarse”. De común acuerdo con los grandes medios, se denomina “conservadores”  a quienes buscan una salida progresiva y productiva.

La CGT exige “simple y sencillamente” que retire la ley, como repite el líder de ese primer sindicato,  Philippe Martinez.

Dimisión de Valls. El Gobierno apuesta sin fisuras por “la firmeza”. Está obligado para no perder la escasa credibilidad que le queda. Si retirase la ley o la rebajara más, Valls, que admite “errores” en la gestión del proyecto, tendría que dimitir. Lo asumen en el Ejecutivo, aunque añaden: “Ese escenario no existe. Hollande no puede cambiar por segunda vez de primer ministro en dos años”.

Oportunidad para la CGT. Con 690.000 afiliados (llegó a tener más de tres millones), la CGT perdía miles cada trimestre. La CFDT, sindicato reformista que apoya el texto edulcorado, ha vuelto a retraerse. Hollande ha puesto en bandeja a Philippe Martinez y a su sindicato la oportunidad de recuperar fuerza al movilizarse contra una ley denostada por más del 60% de los franceses, porcentaje igual al de los convencidos de que el Ejecutivo se rendirá. Como prueba de su radicalización, Martinez ha participado en incendios de barricadas ante centros de producción.

Eurocopa a la vista. A pocos días de la Eurocopa en Francia, que empieza el día 10, la capacidad de presión de los sindicatos es intensa. La CGT y sus seis organizaciones aliadas han pactado esta semana “ampliar las movilizaciones”. Junio arrancará con paros indefinidos en ferrocarriles y aviación civil. El 14 habrá una manifestación gigante en París. ¿Acaso no era previsible una enorme protesta contra la reforma laboral?

Los paros, huelgas y manifestaciones “están en el ADN de los sindicatos franceses”, indicó Martinez. “En 10 años ha habido 30 huelgas en el sector de la enseñanza”. El sector privado, las capas medias, por ahora no participa directamente en los paros. No cierra ninguna tienda. Sin embargo, si se han hecho presentes los estudiantes.

El ultraderechista Frente Nacional intenta pescar en río revuelto, coinciden los sondeos. Su líder y candidata, Marine Le Pen, y los suyos rechazan la reforma, censuran a la CGT por ser de “la extrema izquierda” y critican al Gobierno por no emplear la mano dura en la calle. Pretende ganar la primera vuelta de las presidenciales. El ministro Sapin tiene claro el porvenir: “La izquierda está dividida. La derecha está dividida. Quien se califique para la segunda vuelta frente a Le Pen será quien esté menos dividido”.

Europa es un buen espejo para observar el futuro de América latina, si las administraciones liberal conservadoras, del tipo Mauricio Macri o Michel Temer, logran imponer sus proyectos. Sin producción, con valorización financiera, sobran millones de trabajadores.

GF / La Señal Medios / El País / PL / Le Monde / Liberation

 

 

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