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lunes , junio 18 2018
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ARGENTONES ENTREVISTA A GABRIEL FERNÁNDEZ / Kirchnerismo bajo la lupa

Le disparamos al pecho, seis frases sobre el kirchnerismo al periodista Gabriel Fernández.  El director La Señal Medios y del Area Periodística Radio Gráfica, ni se agachó ni se escondió. De frente y en voz alta contestó las seis polémicas frases, una a una. – Argentones –.

  1. “El kirchnerismo solo es un nacionalismo burgués medido”

En este punto mi posición es clara, desde hace mucho tiempo, y contrasta con la de muchos compañeros y amigos. El capitalismo es el sistema que se ha impuesto en el planeta, tras desplazar modelos señoriales arcaicos como el feudalismo. La lucha se despliega dentro del capitalismo, entre proyecto productivo –que necesita de la inversión, la presencia del Estado y el bienestar colectivo para lograr indicadores de consumo potentes y ampliados-, y proyecto financiero –que crece en base a la rápida circulación de capitales, evade el control estatal, desdeña el bien público y no necesita de una sociedad de consumo-.

El peronismo, a través de la Comunidad Organizada y la Tercera Posición, observó esto tempranamente. Asi pudo desarrollar un Proyecto Nacional y Popular, que puede equipararse a la definición de la frase que encabeza este párrafo, y ofrecer a nuestro pueblo, con la participación del mismo pueblo, los dos decenios de mayor crecimiento y Justicia Social de la historia: el período 45 – 55 y el 2003 – 2015. Simultáneamente, ya en 1953, Juan Domingo Perón comprendió que el mundo iba transcurriendo desde los Estados Nacionales hacia los Estados Continentales, como bien lo apunta el pensador oriental Methol Ferré; por eso propuso la creación del ABC (unidad latinoamericana asentada en el Sur) y Néstor Kirchner a su turno impulsó el Unasur.

Como los estados del Norte (EEUU, Gran Bretaña, OTAN) han sido copados por el interés del proyecto financiero, la propuesta kirchnerista – peronista actual ha pasado a ser uno de sus enemigos principales. El mundo, como lo apunta delicadamente el Papa Francisco, está partido: el Unasur, Rusia, China e Irán, representan el Proyecto Productivo –aquí llamado Proyecto Nacional y Popular-, en tanto el Norte (EEUU, Gran Bretaña y la OTAN) encarnan el Proyecto Financiero, según el cual sobran millones de personas que es preciso eliminar o sumir en la indigencia, de un modo u otro.

Por eso la frase “El kirchnerismo solo es un nacionalismo burgués medido”, pese a que intenta devaluar la intensidad transformadora del movimiento que llevó adelante la década ganada, en realidad es una ratificación de su potencialidad. De ahí que genere tanto odio impulsado desde los medios de comunicación concentrados, tanto como el que generó el peronismo clásico. En realidad la coalición Unasur – Rusia – China – Irán, su imbricación con los BRICS, configuran una amenaza definitiva para la hegemonía del Norte que campeó en los últimos 100 años al menos.

Por eso, los “malos” de la escena internacional son Cristina, Putin, el Papa, los chinos, los musulmanes. Los argentinos podemos entender este panorama gracias a la herencia del pensamiento forjista, que evalúa el lugar del mirador más importante que el prisma a través del cual se observa. Cuando se mira el presente a través de un lente deformado como el socialista, y se fractura a la humanidad en izquierda y derecha, se beneficia involuntariamente al intento transnacionalizador del capital financiero. Cuando se lo visualiza ubicados en el Pueblo y en el Sur, se combate claramente el dominio del proyecto rentístico del Norte.

 

  1. “El kirchnerismo logró dejar en evidencia al pulpo mediático que atosigó a Raúl Alfonsín en 1987/88, descargó con fiereza toda su batería de tapas, noticias falsas y censuras en los últimos años y hoy se muestra revanchista, poderoso y triunfal, captando nuevos negocios y recuperando otros, gracias al triunfo del Pro que ayudó a generar. Podemos decir entonces que el gran error del gobierno anterior fue no crear un tiburón que le haga frente a ese pulpo mediático. Las cadenas nacionales no alcanzaron, no sirvieron.”

Pese a la intención de equiparar el kirchnerismo con el PRO que esconde esa frase, equiparación muy injusta por cierto, hay algo de verdad en el comentario. Es pertinente saber que a un adversario no se lo puede golpear sin definir la pelea, no se lo debe humillar sin tener a mano una alternativa superadora. El kirchnerismo, que denunció correctamente el aspecto negativo del monopolio en la vida democrática argentina, no lo relevó por una trama sólida de medios estatales y medios nacional populares. Entregó recursos a empresarios antipopulares como Hadad, Spolsky, López, Pierri, que simplemente procedieron como sabían hacerlo.

Esto tiene varios factores, y uno de ellos es la ignorancia del funcionariado kirchnerista sobre cómo se hacen los medios y qué desea el público. La mayor parte de ellos creyó que la comunicación masiva es privativa de los empresarios conservadores y recurrió a ellos para oponerse a Héctor Magnetto y su gente. En los medios estatales se insertó jóvenes cuya única virtud periodística era pertenecer a La Campora en lugar de poseer experiencia en el rubro. Esto dio como resultado una política comunicacional inadecuada a los desafíos presentes.

Como ejemplo, digamos que la postura internacional del gobierno kirchnerista –el impulso al Unasur de Néstor, la visión tercerista estratégica de Cristina- no tuvo traductores en los medios de esos empresarios “amigos” porque los mismos siguieron ligados a los lineamientos editoriales empresariales del Norte que respaldan a EEUU, Gran Bretaña e Israel en el orden planetario. Se dio así el absurdo que la Argentina como Nación respetada en el mundo decía una cosa a través de su jefa de Estado, y los medios que difundían internamente lo ocurrido devaluaban esas intervenciones.

Lo vivimos dramáticamente en La Señal Medios cuando se recuperó YPF: tuvimos la información cuatro días antes y la difundimos. Los militantes kirchneristas nos decían que era ¡una maniobra de Clarín para hacernos pelear con España! Sostuvimos la noticia del viernes previo hasta el lunes, cuando la entonces presidenta anuncio la recuperación histórica. Todo el fin de semana, incluído 678, nos recriminaron ser parte de una “campaña”. Nosotros confiábamos en el gobierno que defendía intereses nacionales; ellos sólo se movían como contracara de Clarín, nada más.

  1. “Al kirchnerismo sólo le faltó promover el aguinaldo completo en navidad para los que ganan sueldo mínimo, una ley nacional de protección a los inquilinos y una ley de espectáculos, lograr que la gente por 20 pesos pueda ir, una o dos veces por semana, al teatro, al cine o a ver fútbol, y para compensar que los clubes, teatros, cines, no paguen impuestos, para que los argentinos tenga muchas opciones para salir de su casa y no se queden viendo Susana Gimenez o programas donde todos gritan. Con esas tres acciones, aún con los grandes medios en contra, ganaba la elección.”

Nunca hay un sóla causa de un resultado electoral. Creer que con un par de medidas se invierte un resultado es, por lo menos, idealizar el tema comunicacional. A decir verdad la comunicación apuntala las transformaciones, no las define. El periodista suele creerse más importante de lo que es. Los cambios de fondo los promueve el pueblo en las calles y la acción política de un movimiento nacional popular.

Hay medidas que faltaron, claro, pero no puede ignorarse que entre lo que vivimos en el 2001 y el cierre del ciclo kirchnerista, se registró un crecimiento económico y social gigantesco que sacó al país del infierno y lo posicionó en uno de los que ofrece mejor nivel de vida en el mundo. Si algo faltó, en esa dirección, es una acción mediática comparativa que diera cuenta de la realidad.

Hasta diciembre del 2015 en la Argentina se vivió mejor que en toda América latina, que en buena parte de los EEUU y Europa, y ni hablar de Asia y Africa. Era preciso ridiculizar a través de pruebas concretas la aseveración de “este país de mierda” y cosas por el estilo. La cuestión es cercar la voz del zonzo para que quede asordinada, no tenga reverberancia social, carezca de argumentos.

De toda la frase sólo puedo indicar: sí, hubiera sido mejor brindar más beneficios a las clases populares que a las capas medias, porque éstas jamás agradecen al movimiento nacional y popular lo que hace por ellas, mientras que los más humildes, siempre más sabios, tienen un sentido de gratitud para aquellos que los respaldan. Si desagregamos el voto, veremos que en noviembre del año pasado el pueblo trabajador volvió a respaldar al Frente para la Victoria mientras que el macrismo se nutrió de franjas medias y alta.

Por muchas vueltas que le demos al resultado, esa es una realidad mensurable y no debería dejarse de lado a la hora de enfatizar el trabajo político social. Hubo demasiado esmero en captar a las capas medias; y mientras más se les daba, más herramientas tenían para quejarse en medio de la abundancia. Es preciso afincar lo más importante de las políticas sociales en los espacios propios. Para eso hay que consultar a los sindicatos, las organizaciones sociales, el peronismo de base en general, y dejar de rodearse de progresistas insípidos como si ellos fueran la llave de ingreso al sector medio.

 

  1. “Un sector de la clase media argentina no valoró los subsidios en transportes, luz y gas; los precios cuidados; el no endeudamiento con el FMI en los últimos años e ignoró y se quejó de toda ayuda social a los que menos tenían, acusando al kirchnerismo de clientelismo.”

Es así. Esta frase está relacionada con la anterior. La configuración histórica anti federal, anti rosista, anti yrigoyenista y anti peronista repercutió en las nuevas generaciones de ese segmento social que se crió en el desprecio a lo propio y a nuestra gente. Aunque parezca mentira, esas tradiciones familiares y sociales inciden en la psicología y el pensamiento político desmañado de un sector que no logra visualizar lo más importante: de dónde viene el dinero. Es raro para nosotros hallar personas que dependen directamente del mercado interno –comerciantes, taxistas, profesionales- despotricando y atacando lo más dinámico de ese mercado.

Pero es así: con los programas de ajuste se quedan sin clientes, sin pasajeros, sin dinero, pero una y otra vez vuelven a respaldarlos. Ante un Estado que les brinda beneficios y los protege, elijen uno que les quita recursos y los olvida. De ahí que Jauretche identificara a esa franja con la expresión zonzo. No es lo mismo que un cipayo, aunque haya intersección. Cipayos como Martinez de Hoz, Cavallo o Macri, operan desde acá contra la Patria y se benefician. El zonzo opera contra sí mismo. No se da cuenta que su comprador es el morocho de acá a la vuelta y que si no hay asistencia social, no hay comprador.

Por eso trabajar con demasiado ahínco sobre los estúpidos rinde poco. Es preciso fortalecer la labor sobre la propia franja así su voz tiene capacidad de expansión, acorrala en el debate social al imbécil irredento y convence a quienes están en condiciones mentales de entender. Podríamos decirlo así: nuestros medios brindan a los organizadores de las clases populares argumentos para pensar y actuar sobre el presente nacional. La comunicación socialdemócrata de los años previos intentó convencer al medio pelo gorila sobre las bondades del kirchnerismo. Los resultados están a la vista.

  1. “El Peronismo, dejando al kirchnerismo de lado, puede igualmente ganar una elección nacional”

El movimiento nacional y popular generó, a raíz de las grandes movilizaciones populares que arrancan en el 96 en Cutral Co y Tartagal (originando un excepcional movimiento social digno y combativo), y de la heroica eclosión del 19 y el 20 de diciembre del 2001, una nueva versión actualizada del peronismo. Eso es el kirchnerismo, el peronismo presente. Más allá de la asunción o no de un nombre como  bandera, el movimiento nacional y popular necesita tener a todos sus componentes adentro y bregando para imponer las Tres Banderas históricas en el Estado argentino. No se puede vencer sin todas las vertientes en un mismo cauce. De hecho el nacionalismo popular en la Argentina congrega cerca del 60 por ciento de los votos. No del 90 por ciento. Entonces, cualquier desgajamiento puede ser letal.

La sabiduría de nuestro movimiento explica que no se deben imponer denominaciones al resto de las vertientes. No importa que se denominen peronistas o kirchneristas aunque sepamos que son conceptos históricamente entrelazados. Que cada uno se llame como quiera. Pero que coincidan en el agrupamiento general para combatir al liberalismo conservador que lleva adelante el proyecto financiero y rentístico en el país. La realidad organizacional es la siguiente: Cristina es primus inter pares por tratarse de nuestra dirigente más votada y por haber liderado un período de crecimiento. Pero los gobernadores, los intendentes, los sindicalistas, los jefes de agrupaciones sociales, son importantes y deben ser consultados adecuadamente para que tengan participación.

En todas las franjas de nuestro movimiento aparecen espacios hegemonistas que pretenden barrer con la presencia de los otros, y eso determina el alejamiento de los otros. Es un error político del cual hay que cuidarse para no excluir contingentes enteros de militantes y de votantes. No se puede ganar en las calles, en los votos, en el clima social, si no se cuenta con todos los protagonistas. Aquél que dice “¿no están de acuerdo? Bueno ¡Que se vayan!” está cometiendo un error de construcción profundo que afecta al conjunto.

  1. “Todo le cuesta a este gobierno por la pesada herencia kirchnerista”

Cuando se conocieron los difusos resultados del 22 de noviembre publiqué un texto titulado El Plan Prebisch. Retorno al coloniaje. Sabía que al igual que en el 55 la tarea comunicacional del nuevo gobierno estaría orientada a defenestrar al gobierno anterior con el objetivo de adoptar medidas de ajuste justificadas en las dificultades con el objetivo expreso de transferir recursos de las zonas más humildes de la población al poder concentrado.

Es importante no ceder en eso. Desde el 2003 hasta el 2015 la Argentina creció, mejoró notablemente en todos los aspectos y se convirtió en un gran país para vivir. No hay desastre. Quedaron cuentas ordenadas, desendeudamiento y alza de la producción industrial. Alianzas internacionales notables y equilibradas. Derechos sociales y civiles, beneficios que impulsan la creatividad de la población, mejora en alimentación y salud colectivas.

Cada vez que hacemos un gran país vienen ellos y lo rompen. Eso es lo que, de nuevo, está ocurriendo. El que cree en la pesada herencia, lo dice después de tomar un buen vino, encender el aire acondicionado y pensar si prender el televisor, la radio o la computadora. Por tanto es un idiota que no sabe porqué vive bien. Cree vivir mal en un país de mierda cuando ha vivido bien en un gran país. Hay que hacerle sentir la realidad.

No hay un solo dato de la gestión anterior que justifique la devaluación, el alza de precios y tarifas, el corsé sobre las paritarias, la anulación de planes sociales y culturales. Ni el alineamiento con los perdedores del Norte que operan como un agujero negro que consume las energías de los pueblos con recursos como el nuestro. No hay un solo dato de la Década Ganada que habilite las tropelías que viene realizando la administración macrista.

Argentones / Reafel Ton

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