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domingo , agosto 19 2018
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NISMAN / Una maniobra carente de sustancia

Por JUAN JOSÉ SALINAS *

Me desayuno con la noticia de que el fiscal Ricardo Sáenz, íntimamente vinculado al retornado “Jaime” Stiuso y que NO es el fiscal de la causa, “dictaminó” que Nisman fue asesinado. Rolando Graña dice que no hay nada nuevo, que se trata de una reintrepretación de los hechos conocidos. Sospecho que debe tener tanta seriedad como “la denuncia” del gagacósico Méndez acerca de que CFK habría matado a su marido.

La reciente aparición de Sandra Arroyo Salgado en TN -ahora se ve claro-  forma parte de la maniobra en curso cuya piedra basal, parece, será la próxima declaración de Stiuso.

MALANDRAS. Sintiéndose respaldada por el retorno a la arena de “Jaime” Stiuso, al parecer la viuda de Nisman, Sandra Arroyo Salgado, quiere desbancar a la procuradora Alejandra Gils Carbó y ocupar su lugar, la mejor manera de salir del foco de atención y blindarse ante una posible investigación sobre sus relaciones con su marido (del que estaba separada, pero no divorciada) y con Stiuso, una virtual asociación ilícita que posiblemente pueda explicar por qué malandras como Damián Stefanini depositaban en la cuenta secreta que Nisman tenía en el banco Merryll Lynch de Nueva York. En el caso del desaparecido Stefanini, 150 mil dólares.

La jueza federal (que insólitamente tenía a su cargo la investigación de la desaparición de Stefanini y no se excusó) es sabido, se pasó todo un año vertiendo ácidas críticas sobre la fiscal Viviana Fein, con el propósito explícito de lograr que la causa pasara al fuero federal.

Bastó que Fein dijera claramente que no había el menor indicio de que a Nisman lo hubieran matado para que la jueza Fabiana Palmaghini le arrebatara la potestad de investigar. El pequeño bloque de empeñados en sostener contra viento y marea que a Nisman lo asesinó un hombre invisible, encabezado por la jueza federal, se mostró eufórico. Sin embargo, con el correr de los días fue quedando claro que tampoco Palmaghini correría la causa al fuero federal, ya sea por no tener el menor elemento para hacerlo, por estar convencida en su fuero íntimo que Nisman se suicidó o por ambas cosas a la vez.

Ardió Troya, y entonces Sandra Arroyo acudió ante las cámaras amigas de TN y arremetió directamente contra la procuradora Alejandra Gils Carbó, mostrando la hilacha: parece claro que Arroyo quiere no sólo que el gobierno nacional se las ingenie para desplazarla a como de lugar, sino que ella pretende ocupar su lugar. Luego volvió a embestir contra Palmaghini, a quien le sacó trapitos sucios tales como que fue la que tuvo a su cargo las causas por la averiguación de la muerte del periodista Juan Castro y de la ex secretaria de Emir Yoma, Lourdes Di Natale (mezclándolo todo, porque si parece claro que Castro se suicidó, también lo está hoy, incluso para la criticadísma justicia argentina, que Lourdes fue asesinada), arriesgándose a un contrataque letal.

En su ofensiva desesperada, Arroyo repartió mandobles a diestra y siniestra. Otro de sus objetivos fue -porque no se plegó a sus deseos- el jefe de la Policía Federal, comisario general Roman Di Santo para quien también le pidió al gobierno, tácitamente, que sea removido al recordar que sirvió al gobierno kirchnerista y aquel domingo infausto estuvo en el departamento de Nisman en el que, insistió, se habrían borrado pruebas.

(Se borraron, por ejemplo, los whatsapps, lo que no fue una responsabilidad de la Federal, sino de una Metropolitana íntimamente ligada al FBI y a los servicios secretos de Israel y EE.UU. a los que Palmaghini le encargó las pericias… con resultados previsibles).

AMARILLOS. También se quejó de que los federales hayan levantado a su entender pocas huellas digitales, a pesar de decir también que Nisman era extremadamente limpio, incluso obsesivo, por lo que es fácil colegir que las huellas digitales no debían abundar.

Lanzada, Arroyo se puso a esgrimir un par de antiguas amenazas recibidas en 2012 y 2013 por Nisman, obviamente escritas por argentinos y casi con total certeza de enemigos de Stiuso en la Secretaría de Inteligencia, para sostener que el malogrado fiscal vivía amenazado; una tontería puesto que Nisman viajaba a Iquique, Cancún, Europa y hasta Marruecos sin ninguna custodia, y tampoco la quería cuando todos los jueves iba con sus chicas de alquiler al Rose Bar.

Llegó incluso a sostener que los ayatolás iraníes habían emitido una fatwa (pronúnciese fetua), es decir una condena de muerte contra Nisman, siendo como es que quienes lanzaron a rodar la especie fueron los servicios secretos de Israel, sin la menor apoyatura material. Algo que, como decir que Nisman había estado muy valiente al enfrentar la mirada centelleante de los funcionarios iraníes en una asamblea anual de Interpol realizada en Ginebra, no es más que un saludo a la bandera.

Arroyo también criticó al ex abogado de Diego Lagomarsino (y de Carlos Menem), Maximiliano Rusconi, al parecer dolida porque el gobierno amarillo lo haya nombrado fiscal de casa

En una demostración cabal de que Arroyo carece de razones sólidas (e incluso de líquidas o dudosas) exhumó su absurda denuncia de que en una revista Noticias que su pareja llevó a su casa, una foto de Nisman en sus páginas interiores que tenía pintado un disco negro en la frente, para interpretar que ello constituyó una amenaza.

(Curiosamente, en una especie de justicia poética para recordar cuan corrupto fue el trámite de la causa AMIA y cuan absolutamente ineficaz y desviadora fue la gestión de Nisman durante toda una década, el kiosko donde esa revista fue comprada era hasta poco antes de Ana Boragni, la mujer de Carlos Alberto Telleldín, y lo había comprado con parte de los 400 mil pesos/dólares pagados a su marido para que acusara falsamente a un grupo de policías bonaerenses).

El argumento más “científico” de Arroyo para pedir el pase al fuero federal fue, dijo en dos oportunidades, que en la calle la alientan y respaldan, y que “el 80 por ciento de la gente cree que a Nisman lo asesinaron”.

Por si algo pudiera no estar claro, una larga nota sin firma publicada en Clarín, pone las coas en claro: Los enemigos de CFK y del peronismo se proponen pasar la causa al fuero federal de la manera que sea y mantenerla abierta, si es posible, para siempre (como, por ejemplo, las acusaciones a los altos funcionarios iraníes que sostenía contra viento y marea el occiso).

Si lo logran, será una verdadera hazaña ya que, como diría Vito Corleone, a priori es un empeño “più inutile che farle la sega a un morto”.

Yo, agradecido: pronto aparecerá la segunda parte de Caso Nisman: Secretos inconfesables, y quien quiera adentrarse en un montón de intrigas que los medios hegemónicos ocultan podrá hacerse una panzada.

 

  • Pájaro Rojo / La Señal Medios

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