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viernes , julio 19 2019
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Verano Indio

Por GUSTAVO RAMIREZ

«Es mejor quemarse
Que apagarse lentamente»
Neil Young

 

I
No hay curiosidades. Nadie parece sorprenderse. El Gobierno declara la Emergencia en Seguridad Pública por un año. De la noche a la mañana, sin diagnóstico previo, el país es un territorio minado. Nadie se sorprende. Se habla con liviandad de narcotráfico y crimen organizado. Argentina, según este decreto, es tierra arrasada por una banda de alienígenas que se devoran al resto del mundo.
Nadie se sorprende. Los números no cierran. En el país muere más gente por accidentes de tránsito o por suicidio que en actos delictivos. Nadie dice nada. La ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, es vocera de la CIA y es quien debería dar respuestas en el caso Nisman. Pero nadie repregunta. Y ahora, esta chica de rasgos toscos y mal aliento, gobierna.

Hay silencio. Y hay quienes creen que Argentina es México. Lo curioso es que lo medios protectores ya no muestran asesinatos, secuestros o robos. Los números no cierran. Durante la última década la oposición atacó las posiciones del Gobierno Popular a través de lo que llamaron, ligeros de cuerpo, el “relato”. Hoy esa migaja discursiva se centra en el armado propio. La idea es representar en el imaginario colectivo un escenario de crisis social profundo tergiversando datos y diagnósticos.

En el tumulto del infierno la noticia pasó de largo. Fue un nuevo decreto. Los derechos civiles están acotados a márgenes muy sensibles. Nada es casual aunque nadie se lo pregunte: Represión a los trabajadores en La Plata. Detención de la militante Milagro Sala sin justificación judicial. Autorización a la policía a pedir documentos en la calle. Criminalización de la protesta social. No es el futuro. Es el pasado que se repite con cambios sutiles. En medio. Los medios. Nada que decir, nada que hacer.

II
Con este nuevo decreto el Ministerio de Seguridad tiene la potestad de convocar a elementos de la fuerzas de seguridad retirados. Todo será rigurosamente vigilado. Fuera del marco estrecho de la paranoia, los organismos de seguridad adquieren una relevancia trascendente en el control de la protesta social. Argentina no es un país inseguro ni en términos reales ni en términos estadísticos.
Se trata de aguzar los sentidos. No hace mucho México cerró acuerdos unilaterales con Estados Unidos para combatir al narcotráfico. Los amos controlan al ganado. Y el flujo del tráfico. La guerra por otros medios y otros miedos. En el país centroamericano las protestas sociales se disuelven a bala limpia. Un detalle. Allí el narcotráfico se enquistó en la red de manejo político, cosa que no sucede en nuestro país. Aun más. El acuerdo México-Estados Unidos concierne la instalación de agencias de seguridad del país del norte en la región del Chavo. No se trata de seguridad. Se trata de negocios.

En Argentina éste decreto vuelve a poner a las fuerzas del “orden” bajo un rol activo. No solo para organizar la represión de la protesta social o la criminalización de la pobreza, sino para recuperar el manejo político de diversos negocios territoriales. Milagro Sala es la primera víctima de éste entramado. Esta emergencia de seguridad crea el clima perfecto para la persecución política. Vale insistir. Los datos están al alcance de cualquier periodista con dos dedos de frente. No hay diagnóstico posible que amerite una medida de estas características en nuestro país.

El narcotráfico es una realidad comercial promovida a nivel mundial por el primer país consumidor de drogas. Sí, Estados Unidos. Es a través de la cartelización donde las empresas yanquis adquieren mejores ganancias. Pueden garantizarse la producción y la distribución de drogas en varios continentes. Basta con ver las operaciones montadas en Afganistán por la CIA o las de la DEA en Centroamérica cuando se fomentó la guerra entre los cárteles colombianos y mexicanos.

En la guerra contra el delito los daños colaterales siempre son los mismos. Alguien se acuerda de los normalistas mexicanos asesinados por paramilitares que dominan ciertos cárteles mexicanos. Hay cierto periodismo con muy flaca memoria. Ellos fueron también Milagro Sala.
III
En pocos días el país entró en una crisis institucional de vital gravedad. Lo curioso es que quienes deberían asumir el rol de opositores se encuentran en un manso silencio. Desde Cambiemos están propiciando el terreno para legitimar la represión social. Luego de negociar con el sistema judicial se han garantizado la impunidad frente al arrebato de derechos constitucionales. Han anulado al Congreso y cuentan con la prensa obsecuente vendida por migajas.
Pero nadie dice nada. Como espasmódico homenaje a Scola invitamos al lector a ver Feos, Sucios y Malos. Al menos para recordar, no solo al neorrealismo italiano, sino a donde no queremos volver. Las reacciones están siendo algo lentas. Parece que no importa demasiado. El negocio está en movimiento. La alianza con el pacífico es un hecho. La emergencia en seguridad es solo un eufemismo.
El verano indio se apaga si no lo mantenemos caliente. El pasado pasó hace rato. El futuro está sentado a la derecha de la derecha. Mañana puede ser tarde para llorar más muertos. Nadie, nunca, nada.

* Feos Sucios Malas / La Señal Medios.

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