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miércoles , agosto 15 2018
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PANORAMA MUNDIAL / Una restauración sin futuro

 Por Gabriel Fernández *
 
Aunque refrendamos todos los análisis volcados en estas páginas sobre la realidad política argentina y latinoamericana, resulta de interés retomar una mirada panorámica para entender el entorno. Los procesos internacionales cobran trascendencia y ayudan a explicar situaciones internas de la región que, sin esos datos, pueden resultar incomprensibles.
 
Desde hace al menos una década ha emergido en el orden planetario la multilateralidad. La crisis financiera en los Estados Unidos y Europa ha sido acompañada por la creciente económica de los BRICS , de Irán y del Unasur. En el primer grupo se han destacado, claramente, China y Rusia, en tanto que en el mencionado al final, Argentina, Brasil y Venezuela.
 
Como factor conceptual de estas modificaciones cabe señalar la designación de Jorge Bergoglio al frente del Vaticano. Si se rastrean sus palabras desde la asunción hasta el presente, se observará que no ha habido cambios ni gatopardismo frente a circunstancias que aparentan contradecir al Papa Francisco; cada vez alza más alto la tríada Tierra Techo Trabajo. ¿Porqué?
 
Los resultados electorales del tramo reciente en nuestra zona, así como algunos indicadores módicos pero no catastróficos en el centro tradicional pueden permitir una inferencia temeraria: terminó ese incipiente nuevo orden y se avecinan tiempos de restauración. De hecho, buena parte de los analistas consultados rumbean, en mayor o menor medida, en esa dirección.
 
Empero, todo tiene una explicación. Y además, la historia no se revierte así como así. Digamos entonces que una de las claves del período “contrarrevolucionario” es el acuerdo impuesto por los Estados Unidos sobre Arabia Saudita para realizar, en los últimos tres años, un gigantesco dumping mundial con el precio del petróleo.
 
Arabia Saudita no es, ni por asomo, una república. Carece de los mínimos y elementales resortes democráticos. Por tanto, accedió a la disposición del salvataje forzando hasta lo indecible la caída de los valores por fuera de toda lógica asentada en oferta, demanda y costos. La jugada tiene un sentido, justamente, multilateral.
 
En principio, beneficia a Europa, donde la adquisición externa de petróleo es tradición y necesidad. También ayuda a los mismos Estados Unidos, consumidores fabulosos del producto. Y golpea con intensidad las economías de Rusia, China, Irán, Venezuela, y en menor medida, del Brasil y la Argentina.
 
Es decir, buena parte de la ofensiva liberal – conservadora de neto corte autoritario y pronorteamericano que estamos viviendo en nuestros países, está amparada por la inteligente decisión internacional de quitar ingentes recursos a las naciones productoras. De ahí que los indicadores de los afectados muestren tendencia al amesetamiento, en tanto se visualiza un tenue resurgir norteño.
 
Hemos atravesado distintos períodos de la historia y tratamos de hacerlo con precisión informativa. No difuminamos la actualidad para brindar tal o cual perspectiva prefijada. Por eso hoy debemos indicar que, si bien esa acción facilita el desarrollo de vertientes antipopulares y daña la democratización planetaria, existen otros elementos en juego de difícil resolución.
 
En principio, como lo demuestra el creciente déficit comercial norteamericano y las persistentes dificultades en el viejo continente, el control de esas zonas por parte del capital financiero impide que la maniobra sobre el precio del petróleo desemboque en una estructura de despliegue productivo y re crecimiento integral.
 
Es probable que, al moverse sobre el mismo sistema, el Norte rentístico se termine tragando los beneficios al transferir de continuo hectolitros de ganancias para grandes corporaciones que siguen asentadas sobre papeles que se valorizan a sí mismos, el armamentismo y el narcotráfico. El esfuerzo saudí, aún sin trabas institucionales, tiene un borde.
 
Por el contrario, los BRICS en general pero China y Rusia muy en particular, parecen presentar economías sólidas y diversificadas. Además, han aprovechado con esmero científico y técnico una década de bonanza para rearmar sus espacios militares a niveles que los estadounidenses no logran afrontar.
 
Por mucho que afecten las tropas mercenarias distintas zonas del planeta, especialmente Medio Oriente y Africa, está visto que poco pueden hacer cuando esas naciones, junto a Irán en algunos casos, resuelven intervenir y ordenar las situaciones.
 
En América latina la creciente presencia estadounidense tiene, por los mismos motivos, cierta volatilidad. Los grandes bancos ofrecen dólares sin valor para atrapar en un nuevo adeudo a las gestiones conservadoras. La derivación de esas acciones son conocidas por los pueblos del Sur y por el argentino en particular; los ajustes para transferir ingresos también tienen un límite.
 
Por lo tanto, estamos afrontando un panorama complicado pero para nada irreversible. Más que una resturación conservadora a la arrasadora usanza Reagan – Thatcher, estamos asistiendo a una maniobra forzada que se basa decididamente en las posibilidades de sostenimiento del dumping por parte de Arabia Saudita.
 
La presencia rusa y china en Medio Oriente debe leerse, entonces, también como multilateral. Ayuda a resolver parcialmente el panorama sirio y protege a un socio energético clave como Irán… pero advierte a la potente y endeble (a la vez) dictadura saudí que, si la evolución de los acontecimientos daña el futuro de los gigantes, las arenas se levantarán con ardor.
 
Las realidades dolorosas no habilitan a indicar que todo ha sido en vano. A decir verdad, nada ha sido en vano. Los motores crujen cuando, en franco avance, se pretende insertar la retromarcha. Hay otros factores a tomar en cuenta. Ya los plantearemos.
 
• Director La Señal Medios / Area Periodística Radio Gráfica.

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