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miércoles , agosto 15 2018
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Psycho Killer

Por Gustavo Ramírez *

“¿Resucitan los muertos? Los libros dicen que no, la noche grita que si”
John Fante

I
Las elecciones las ganó Daniel Scioli. Pero el margen inspiró a un escenario derrotista alarmante. El Big Bang o la bomba nuclear. Para el caso, el efecto es el mismo. Dientes apretados y cuentos místicos humedecidos. El relato electoral del último domingo no es la pesadilla del la revolución inconclusa. Es la consecuencia de malas decisiones y de una mala campaña. En el Frente para la Victoria el cimbronazo interno desestructura la corriente alterna. Las carreras individuales estropearon el mensaje colectivo y todo quedo como destartalado. No fue un huracán. Fue el intersticio sectorial drenando pus en venas abiertas.

El síndrome Randazzo atizó la hoguera de vanidades. La inercia de discursos, solapados de juegos con hambre, soslayó la medida exacta de lo que se ponía en juego. Todos los frentes se aggionaron a las decisiones de la conducción pero cada uno disparó a discreción contra el mismo objetivo: El Candidato. La imagen de vacío fue fuerte dentro de una campaña anodina y sin demasiado contenido. Las viudas del Ministro sucumbieron mostrando los tacones de vampiresas despechadas. El vandorismo interno movió sus piezas en un tablero sin mayores escollos. Desde adentro se prejuzgó a Scioli dejándolo a la derecha del Movimiento pegado a Macri.

Mientras el filón interno desangraba a la campaña, el territorio fue un vicio vacío. Aníbal planteó un escenario virulento también hacia adentro en las PASO y se juramentó purificar al PJ de intendentes herejes. Regodeado en su personaje matutino, el vocero, desplantó al peronismo provincial agitando las remeras de Los Redondos y las cabelleras rubias de los blanquitos de La Cámpora. En el armado electoral todo fue ruptura.

II
Desde el triunfo abrumador del 2011 las coincidencias elementales del Campo Nacional se tornaron ligeras y superficiales. Había solo una conducción vertical y férrea que se apoyaba en una organización de base. Se desplazaron de la escena de vanguardia a diversos sectores sociales que fueron elementales antes de aquellas elecciones. Se propició la ruptura con el Movimiento Obrero. Se relegó a los Movimientos Sociales. Emergió el cristinismo mesiánico y purista. Se alfonsinizó el cuarto menguante de la militancia propensa al si fácil y a la docilidad ideológica.

Más allá de la elección coyuntural de la Conducción pareciera ser que Scioli nunca fue el verdadero candidato. Vituperado por propios y extraños el motonauta quedó pegado a una imagen lastimosa de tonto útil. Siempre débil en la comparación con la Presidenta, que en campaña dejó actuar a su gente. No hubo grandes estruendos. Los números eran redondos. Claro, hasta el domingo. Donde el frío temple de la navaja electoral se posó sobre el cuello mismo del relato. Entonces el baño prosaico de las urnas derramó sobre las calles el ranció perfume de la realidad. Una realidad que actuaba loca como psico killer.

¿Se subestimó al enemigo? ¿Se subestimó al electorado? ¿Se subestimó al propio Daniel Scioli? ¿Se jugó, desde algunos sectores internos, a perder para instalar el operativo clamor: Retorno 2019?
El fuego sagrado de los logros no fue suficiente para activar una pedagogía nacional y popular que superara el estadio de la crítica permanente a un década lejana como la de los ’90. La fuga de votos hacia la derecha puede explicarse por la ausencia de espacios internos donde contener a ciertas expresiones que en su momento acompañaron. Es probable que se haya interpretado que la inmortalidad era un rasgo invencible del cristinismo. El “vamos por todo” también se cargó parte de los votos propios.

III
Calientes los votos, parte del kirchnerismo despotricó contra el electorado sin mediar ninguna autocrítica. Esa representación fue concreta cuando en la madrugada del último lunes, Máximo Kirchener, expresaba su retórica contra Clarín como si ese fuera el único problema que había que afrontar de ahora en adelante. Una pelea que nunca terminó de seducir al conjunto social y que terminó aburriendo a propios, teniendo en cuenta que las argucias para confrontar con el multimedio fueron sostener a mercenarios de la comunicación que terminaron como candidatos propios. En ningún momento el hombre fuerte de La Cámpora hizo mención al triunfo electoral de Daniel Scioli. Otra vez el candidato era ninguneado, sin necesidad desde adentro.

Fuente cercanas al Secretario General de la CGT, Antonio Calo, sostienen que faltó militancia y que es necesario recuperar el territorio. El Movimiento Obrero tendrá que recuperar su rol estratégico en la campaña. Es necesario conquistar la calle y acercarse al electorado que por distintos motivos se desencantó más allá de los logros obtenidos en ésta década.

Más allá de los juegos internos, Daniel Scioli tampoco pudo arrimar votos propios, sumando confusión a la generalidad. Aun así el mapa electoral se torna interesante de cara a la segunda vuelta. No es el mejor escenario. Tampoco es el peor. Habrá que ver como se reacomodan las fuerzas internas y como la conducción logra disciplinar a aquellos que intentaron corretear por su cuenta sin medir consecuencias. La pérdida de la Provincia de Buenos Aires marca una tendencia inédita en tal distrito. Daniel Scioli tendrá que pensar en profundidad que sucedió en su gestión para que se obtenga tan magro resultado en su bastión.

Es tiempo de no sobrar la situación. Hacer un reordenamiento interno, recuperar el territorio. Buscar votos. Persuadir al electorado. Conducir. Ganar en la segunda vuelta es el único objetivo, por el momento, a no ser que desde la cabeza del Movimiento se esté pesando en un futuro lejano y demasiado difuso.

· Feos Sucios Malas / La Señal Medios

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