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jueves , mayo 23 2019
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#Matthysse / Lejos de las expectativas

*Por Leonardo Martín

Decepcionante es quizás la palabra más adecuada para describir la pelea de Lucas Matthysse ante el ucraniano Viktor Postol. El argentino llegaba a este enfrentamiento con la chance de quedarse con el cinturón interino del Consejo Mundial del Boxeo en la categoría Superligero, pero sobre todo con la oportunidad de posicionarse en la elite de la disciplina. Si ganaba de modo contundente se convertía en uno de los boxeadores más cotizados a nivel internacional, con una pelea de enorme resonancia por delante. La caída en el décimo asalto, ante uno de los pocos golpes potentes que le propinó el ucraniano, desmoronó los sueños de Matthysse.

El sabor amargo quedó sobre todo por el modo en que perdió, lejos del espíritu guerrero y combativo que mostró en otras oportunidades. Lanzó pocos golpes, le costó encontrar la distancia adecuada para conectar sus potentes manos, y jamás pudo desbordar a Postol, ponerlo en peligro, hacerle sentir el rigor. Ante el primer castigo recibido, Matthysse acusó de un modo muy sensible los golpes de su contendiente. Especialmente una sobre el final del séptimo asalto, en la que terminó haciendo un giro extraño. A partir de allí, prácticamente, no llegó al cuerpo del rival, mostrando una llamativa endebles ante los golpes recibidos, que no fueron tantos pero que dejaron en la lona a Lucas en el décimo round.

Al final de la pelea, en declaraciones a televisión, caliente y frustrado, Matthysse declaró “no me salía nada esta noche, me bloquee”. Luego agregó: “preferí quedarme en la lona a perder los dos ojos” tras explicar que sintió un fuerte dolor en el ojo que le generó el temor de un posible desprendimiento de retina. A veces los espectadores y la prensa especializada ve la superficie de los hechos, lo que sucede dentro del ring, pero no siempre se ve el insondable mundo de la mente y los rigores a los que los boxeadores someten su cuerpo y su salud. Allí se explican muchas de las decisiones y comportamientos que vistos desde afuera pueden parecer inexplicables.

La pelea en sí fue deslucida, con poco intercambio de golpes, trabada inteligentemente por Postol. Las manos de Matthysse se veían más potentes, pero no tenían llegada, no encontraban destino. El ucraniano hizo sentir su mayor talla, once centímetros, para mantener una distancia prudente, con un correcto manejo del jab y cortando constantemente la pelea. Lucas no encontraba el ángulo para lanzar sus manos ni lograba achicar la distancia en donde la contienda le era más favorable.

Matthysse tuvo una muy leve superioridad hasta el séptimo asalto, por actitud ofensiva y por alguna mano que logró conectar. Allí el ucraniano hizo un buen trabajo defensivo, pero sin mostrar un gran repertorio de golpes o potencia. Era un boxeo mecánico, con un técnica propia de los boxeadores de su tierra.

Luego del séptimo asalto Postol tomó el centro de la escena y comenzó a tomar las riendas de la pelea. Ganó en confianza, sacando mayor cantidad de golpes ante una defensa inerte de Matthysse. El argentino recibía sin contraprestación alguna, contenido, tenso y sin reacción.

Finalmente, en el décimo asalto, llegó la derecha de Postol que puso fin a las aspiraciones de Lucas. No pareció ser una mano de nocaut, pero lo fue. Pasaban los segundos de la cuenta y Matthysse no mostraba estar groggy, aunque tampoco la mínima reacción como para reincorporarse. Finalmente la cuenta llegó a diez, Postol festejó con mesura ucraniana la obtención de su cinturón, haber ganado una pelea en la que no partía como favorito y posicionarse a nivel internacional en el mundo del boxeo.

Queda la incógnita de lo que sucederá con la carrera de Matthysse a futuro. Con 33 años, parecen no quedarle muchas oportunidades de este nivel, ni de pegar el salto de calidad. Estuvo lejos de las expectativas generadas por su pobre performance sobre el ring, además de dejar una sensación de una falta de respuesta anímica, del fuego interior que mostró en otras peleas.

¿Debe cambiar a su entrenador, el Cuty Barrera, y buscar a uno de los cotizados a nivel internacional que le aporte el extra que le faltó en peleas decisivas? ¿trabajar sobre su parte emocional que pareció jugarle en contra? ¿ fue simplemente una mala noche? o ¿ha llegado al techo de su rendimiento a una edad donde comienza la curva descendente de los deportistas, en donde los golpes recibidos en una larga carrera comienzan a hacer mella sobre el físico?

Las respuestas las tiene Matthysse. Consultado sobre su futuro declaró lo que suelen declarar los boxeadores después una amarga frustración como la de ayer: “voy a descansar unos días y luego tomaré una decisión para mi futuro”. El tiempo dará la respuesta.

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