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viernes , octubre 19 2018
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Todo, y un poco más

El Papa Francisco afrontó el gran desafío

Por Gabriel Fernández *

Es difícil situarse. Aunque lo anticipamos en el primer artículo escrito en el país, a sólo media hora de la designación de Jorge Bergoglio como jefe del Vaticano, bien informados previamente por la querida Clelia Luro y el compañero Eduardo Valdes, igual es difícil. (http://lasenialmedios.blogspot.com.ar/2013/03/bergoglio-papa.html)

Imagino la imaginación que necesita el diario La Nación para armar sus garabatos. Sus jefes carecen de la dignidad del senador republicano que, al comprender que el Papa Francisco le pedía –en tanto católico- hacer exactamente lo contrario de lo que hacía, renunció.

La brisa mueve las cortinas y trae el último fresco de un invierno que tardó en retirarse. Preparo el mate y sonrío para mis adentros. ¿Cómo dar cuenta de cambios tan profundos? La felicidad se combina con el reto de volcar en un artículo el reflejo de transformaciones planetarias de compleja descripción.

Torazo en rodeo ajeno, el Papa echó el resto en los Estados Unidos. Durante su visita a Cuba se refirió específicamente a los humildes. Pidió tender la mano, ocuparse del otro, sentir junto al frágil. En la potencia del Norte dijo todo. Y un poco más de lo que podía preverse.

Apuntó a la reestructuración de las Naciones Unidas para que se haga lugar a las nuevas potencias emergentes. Especificó, para que no quedaran dudas, que se refería al Consejo de Seguridad y los organismos de crédito. Condenó “todo abuso y toda usura”. Vale evaluar la sutil sintonía con los mensajes al respecto del gobierno argentino.

Claro; como lo malo no son los negocios sino la esencia de algunos negocios, además de fustigar a esos responsables de la crisis financiera, añadió que la venta de armas es un crimen. Así como las filosofías que buscan justificar las contiendas enfrentando pueblos contra pueblos. Excluyendo, marginando.

Fue hacia las secuelas. Habló de migrantes, de sin techo, de “mujeres y hombres concretos que viven, luchan y sufren, y muchas veces se ven obligados a vivir miserablemente, privados de cualquier derecho”. Por eso, destacó la necesidad de que los gobernantes garanticen a las personas “techo, trabajo y tierra”.

Es difícil situarse. Porque todo eso lo aseveró el líder del Estado Vaticano. Los poderes internos de la Iglesia lo están pensando: llamaron a un latinoamericano para salvarse del descenso y el hombre lanzó un planteo ofensivo, listo para pelear arriba. Argentino hasta la médula, Peronista integral, Bergoglio les recitó el Martin Fierro. Y algunas cosas más.

Luego arremetió con el cambio climático y la responsabilidad de estados y empresas frente al mismo. Defendió la vida y la familia; cuestionó la pena de muerte. Y les tiró en la cara a Abraham Lincoln, Martin Luther King, Dorothy Day y Thomas Merton.

A partir de ahora surge un interrogante de interés: qué impacto tendrá en la vida interna norteamericana esta visita. Estados Unidos es un país donde apenas vota el 25 por ciento de los ciudadanos. Una gran nación arrasada por la creencia de “quien gana lo merece y quien pierde también”.

Un lugar donde el 30 por ciento de los congresistas cobra sobresueldos “legales” de la industria armamentística. Pocos medios alternos lo condenan. Pero todos se escandalizan si alguien cuestiona la Coca cola o las hamburguesas. La región que ha dominado el planeta en los últimos 200 años, de común acuerdo con Gran Bretaña.

Lo importante es esto: todo lo dicho por el Papa está lejos de ser un concepto justo pero impotente. Es el emerger de un nuevo mundo. El borde audaz de una realidad planetaria en la cual el imperio ya no lo define todo, y debe sentarse a escuchar otras voces. Bergoglio es, hoy, el representante de la mayor parte de la humanidad. He ahí su vigor.

En confianza, temo sinceramente que en un tiempo mediato se descubra que nuestro Bergoglio ha sido inoculado con alguna enfermedad. No se sale de las entrañas del monstruo sin consecuencias. Ha dado una batalla singular, extrema, que merece apoyo y admiración. Cuando dijo recen por mí, estuvo más lúcido que nunca.

Hemos asistido a la acción política de un gran peronista. Cabe sentir orgullo, sin por eso caer en pecado de vanidad.

· Director La Señal Medios / Area Periodística Radio Gráfica.

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