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miércoles , junio 26 2019
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El pacto entre Irán, Rusia, China, EE. UU, Gran Bretaña, Alemania y Francia. La Mano que orienta la pluma

Por Gabriel Fernández *

El nuevo equilibrio planetario llevó a que Irán, Rusia y China condujeran las manos de los jefes de Estado norteamericano, alemán, británico y francés para firmar un acuerdo que, además de forzar la paz internacional, dispone que la República Islámica continuará con la producción de energía nuclear con fines pacíficos.

Como Irán –asentado en inversiones propias combinadas con capitales rusos y chinos y en tecnología de punta desplegada en esos mismos territorios más la Argentina- venia apuntalando en profundidad la gestación de nueva energía limpia con fines destinados a la industria y el consumo, solo deberá ralentizar la generación de uranio enriquecido.

Este es el resultado básico de las negociaciones que concluyeron esta semana. A partir de ahora la correlación de fuerzas político – económico – militar definirá el trayecto. Es decir, según el potencial de las naciones del Norte, la Agencia Internacional de Energía Atómica irá evaluando si el pacto “se cumple” o si se dispondrán sanciones contra el país persa.

Si la crisis financiera amaina y el tándem EE. UU. – OTAN consigue levantar cabeza, se hablará a través de pronunciamientos oficiales y sesudos análisis de los medios concentrados acerca del “incumplimiento” iraní de las pautas fijadas. Si se fortalece la multilateralidad, Rusia, China, el Vaticano y el Unasur evitarán la punición, como lo hicieron en el caso Siria.

De la lectura de los ejes del Acuerdo suscripto en Viena surgen interrogantes referidos a las ambigüedades que dejan flotando ambas perspectivas. Si la primera es el porcentaje de uranio que se puede tratar, la segunda, no menos importante propagandísticamente, es el manipuleo del plutonio. Sobre esos ejes cargarán las potencias históricas cuando tengan posibilidades.
Hemos incluído la expresión “propagandísticamente” pues no es otro el sentido. De hecho, EE.UU. y Gran Bretaña elaboran armas a su antojo en distintos puntos del planeta utilizando ambos elementos sin control alguno de la Agencia citada. La humanidad observa los resultados: provisión de armamentos a las fuerzas mercenarias que hostigan Asia y Africa.

El Acuerdo de la capital austríaca es depositario de la compleja trama que equilibra el relativo empate presente con la hegemonía de un ayer que pervive entre nosotros. Por eso es injusto, mas por eso es esperanzador. EEUU, Gran Bretaña, Alemania y Francia se arrogan el control de otros sin que nadie los controle a ellos.
Sin embargo, esta es la manera que la sagaz diplomacia rusa encontró para que el pacto se concrete: era preciso brindar una fórmula que permitiera al Norte posicionarse ante la opinión pública mundial como contralor. De otro modo, Barack Obama habría sido acusado de capitular ante los iraníes. Así y todo, eso es lo que se dice.

Porque la tríada integrada por una parte decisiva del Departamento de Estado, los fabricantes de armas y su canalización política, el Partido Republicano, más Israel más Arabia Saudita, observa con horror la perspectiva de un equilibrio pacífico y de una consolidación de la multilateralidad a través del desarrollo económico de regiones geoeconómicas contrastantes con sus intereses.

Este panorama permite un par de reflexiones puertas adentro que pueden resultar de valor. Por un lado, los medios de la Sociedad Interamericana de Prensa, especialmente La Nación y Clarín de la Argentina, van desnudando su propio alineamiento real: no se trata de posturas editoriales de centro derecha con pautas democráticas e institucionales, sino de voceros del terrorismo mundial.

El ataque persistente de ambos medios, más sus satélites, sobre Argentina, Rusia, Irán, el Papa, China, Brasil, Ecuador, Bolivia, da cuenta de su sentido más profundo. Lejos están de criticar países “anticapitalistas”. Cuestionan la faja planetaria que libra batalla en beneficio de modelos productivos de desarrollo en detrimento de los capitales especulativos ligados a la guerra.

Ahí está la cuestión. Por eso, los latinoamericanos bien podemos enorgullecernos de algunos aspectos centrales de la política exterior argentina: el reconocimiento del Estado Palestino, la pregunta presidencial en la ONU sobre quién entrega armas a los mercenarios, el memorándum con Irán, la lucha contra los Fondos Buitre.

La historia, finalmente, transita a favor de los pequeños. Claro, en tanto y en cuanto los pequeños crezcan, se coaliguen y dejen de serlo. Porque de aquí en más, reiteramos, la fortaleza de los mercados internos, de los estados en litigio larvado, de las sociedades que alzan modelos diferenciados, será determinante para disponer el curso de los acontecimientos.

Director La Señal Medios / Area Periodística Radio Gráfica

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